Una producción audiovisual no termina cuando se entrega el archivo final. Ni siquiera cuando se publica en una web o se comparte en redes. En realidad, muchas veces ahí es donde empieza todo.
Porque un vídeo, por bueno que sea, no vive solo de su calidad técnica. Vive de quién lo ve, quién lo cuenta y desde qué contexto se presenta. Y en ese punto, la distribución a medios deja de ser un trámite y se convierte en una pieza clave de la estrategia.
No se trata de “mandar una nota de prensa”. Se trata de entender cómo circulan las historias en el ecosistema mediático y qué papel puede jugar una pieza audiovisual dentro de esa conversación.
La diferencia entre un contenido que pasa desapercibido y otro que encuentra recorrido no suele estar en el plano, la luz o el montaje. Está en el relato que lo envuelve.
La primera pregunta no debería ser a qué medios enviarlo, sino por qué un medio debería interesarse. Los periodistas no buscan productos ni marcas. Buscan historias que expliquen algo del mundo que estamos viviendo. Si tu producción no conecta con eso, no importa cuántos correos envíes.
Distribuir bien empieza por mirar el proyecto desde fuera. Preguntarse qué dice realmente ese vídeo más allá de su encargo concreto. Qué tema toca, qué conversación amplía, qué punto de vista aporta. A veces el valor no está en lo que se muestra, sino en desde dónde se mira.
Cuando ese enfoque existe, el siguiente paso es entender que no todos los medios funcionan igual. Cada uno tiene su ritmo, su audiencia y su manera de contar. Un mismo proyecto puede tener lecturas distintas según el contexto en el que se publique. Ajustar el ángulo no es traicionar la historia, es hacerla legible para quien la recibe.
Ahí es donde muchas distribuciones fallan. Se envía el mismo texto a todos, esperando que alguien lo adapte. Pero el trabajo del periodista empieza antes: en el momento en que decide si eso merece atención. Si el enfoque no encaja con su línea editorial, el mensaje muere en la bandeja de entrada.
Una buena distribución entiende esa lógica y la respeta. Presenta la historia con claridad, sin adornos innecesarios, sin lenguaje promocional. No intenta impresionar. Intenta explicar. Qué es, por qué existe y por qué ahora tiene sentido contarlo.
El “por qué ahora” es clave. Los medios trabajan con actualidad, aunque sea una actualidad lenta o sectorial. Una pieza audiovisual que se conecta con un debate en curso, una tendencia emergente o un cambio social tiene muchas más posibilidades de encontrar espacio que otra que llega sin contexto temporal.
También importa cómo se entrega. Facilitar el trabajo no es un detalle menor. Un enlace accesible, material gráfico bien preparado, información clara y verificable. Todo lo que reduzca fricción suma. Cuando una historia fluye, se publica antes y mejor.
Pero quizá el error más común es pensar la distribución como un acto puntual. Se envía, se espera respuesta y se pasa a otra cosa. En realidad, la distribución a medios es una relación a largo plazo. Una forma de posicionarse como fuente, como alguien que entiende el valor del tiempo del periodista y aporta algo útil, incluso cuando no hay publicación inmediata.
Responder rápido, aportar contexto adicional, no insistir cuando no hay interés. Esas pequeñas decisiones construyen reputación. Y con el tiempo, esa reputación pesa más que cualquier campaña puntual.
Medir el impacto tampoco debería reducirse a contar apariciones. No todas las publicaciones valen lo mismo. Importa dónde aparece la pieza, cómo se enmarca, qué discurso construye alrededor. A veces una sola publicación bien contextualizada genera más valor que muchas menciones superficiales.
Distribuir a medios no es amplificar por amplificar. Es elegir dónde y cómo se cuenta una historia para que tenga sentido en el lugar al que llega.
Cuando se entiende así, la distribución deja de ser un añadido y pasa a formar parte del propio proceso creativo. Porque una producción pensada para circular, para dialogar con la realidad, nace ya con vocación de ser contada.
Y ahí, por fin, el audiovisual empieza a cumplir su función completa.
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